noviembre 17, 2011

Melancolía



Lars Von Trier es un director seco. Da lo mismo que se diga que hace shows en los lanzamientos de sus cintas o que sea tildado de inconsecuente por haber sido uno de los creadores del dogma 95 y después haberlo abandonado. Independiente de todo eso, o de cualquier otra cosa que se pueda decir, el tipo es uno de los director fundamentales y punto. Cada película que Trier hace, viene cargada de magia y de mensajes ocultos, generados por una cámara capaz de proyectar una atmosfera de imágenes deslumbrantes o a su vez macabras. Melancolía, refleja a la perfección esta idea.
Como ya resulta tan típico en sus películas, Trier, el inicio esta determinado por un prologo para luego dividir la obra en capítulos. Melancolía cuenta con dos actos (Justine y Claire) y en ellos, deja de manifiesto, una tragedia cargada de una intriga a momentos alucinante (ya sea en su concepción, como así también en el devenir de los personajes).
En un principio, cuesta hallar el punto de conexión entre ambos capítulos pues si bien, en el primero, se nos relata lo que vive Justine en su matrimonio y como esto fuerza la relación de amor que existe entre ella, su familia y particularmente su hermana. En el segundo acto, se nos cuenta la tragedia de Claire, quien experimenta sus miedos mas oscuros e internos.
Ambas hermanas terminarán viviendo, nada mas y nada menos, que el mismo fin del mundo el cual se produce por la colisión de un planeta llamado melancolía contra la tierra.
Serán principalmente la desgracia, el odio, y de cierta forma la venganza, los sentimientos fundamentales que establecen la conexión entre los capítulos, pues son justamente estos los sentimientos que ambas terminan experimentando de manera particular.  Justine, al vivir la desgracia de contraer matrimonio sin querer hacerlo y no contar con nadie que la entienda, termina por odiar y desear que todo acabe para siempre, y Claire al experimentar la tragedia de ver como sus grandes miedos se hacen realidad y no estar preparada ni poder aceptarlo.
No hay ripios en esta historia. La cámara de Trier se encarga de establecer una realidad mágica, y la historia, en ambos capítulos, es justa y precisa; acorde con la realidad de los hechos y con su desenlace.
La banda sonora a cargo de composiciones de Wagner es sin duda, otro acierto a todas luces.
Las actuaciones de la Dunst y de la Gainsbourg, solo vienen a potenciar aun mas esta peli. Ambas están solidas en sus representaciones (a mi parecer, mas la Gainsbourg que la Dunst, aunque creo que la Dunst fue la que se llevo el premio a la mejor actriz en Cannes). Otro elemento destacable a mencionar, es la idea de la catástrofe final y la forma inteligente de hacerla ver. Todo esta reducido a los cuatro personajes. Sin utilizar efectivísimos caóticos en donde la gente corre despavorida, terremotos parten la tierra y olas gigantes que lo inundan todo. Trier, solo utiliza una locación para relatarnos el final del mundo, y en ella, maneja a la perfección a sus cuatro personajes, haciendo que estos funcionen y encajen perfectamente con lo que viven y su desenlace. Se les cree.
Melancolía, a fin de cuentas, ha sido muy bien recibida por parte de la critica. Si bien algunos, le han otorgado un mal comentario, debido a una supuesta discontinuidad y vacío en los capítulos; estos han sido los menos, en comparación con los otros que la han calificado, como a una de las mejores cintas del 2011.

noviembre 10, 2011

La Raíz de la Soledad.

La raíz de la soledad
Acrecienta el tamaño del objeto
Desparrama la luz hacia el costado
No deberíamos esperar nada
Solo arremeter contra las ruinas
Cuando arden en los ocasos
Pero no hay nadie
No hay nada
Solo la sensación
Cuando todo lo vivido
Es un sinónimo de trenes olvidados
Y a contra luz
Inerte el recuerdo
Las lágrimas que hablan ahora
Abrazaran al silencio.

La raíz de la soledad
Germino hacia rincones purpuras
En un instante
Vuelve el jardín un paisaje de espejos
En donde el reflejo se hace difuso
Y la conciencia es un caballo indómito
Que arremete contra la confianza

Somos arboles en un bosque incierto
Y arrojamos raíces azules y temerosas
Cuando el vacío nos susurra al oído.

Vicente Arouet S.

noviembre 05, 2011

Cuerpos Tristes Desparramados.

Estos cuerpos tristes y desparramados a orillas de este torrente de luz, tan delicados y absortos, van dando tumbos a través del olvido. Son como esquirlas de un tiempo violento en donde alguna vez se refugiaron esos sueños que sangraron profusamente. Cuerpos tristes que van dejando tras de sí un latido que no genera esperanzas, tan desparramados y abyectos; solo saben expulsar su bilis blanca en la noche abominable, en donde el tiempo va cercenando sus rostros, sus manos y esa tristeza indómita que oculta su significado, en los rincones más purpuras de lo vivido. Lloran porque saben que son cuerpos tristes, y deben lavar el fuego de sus heridas para hacer necesariamente de su melancolía, en el espacio huérfano, aquello que les impida desaparecer para siempre. Cuerpos tristes y desamparados de improviso, el hueco vacío de su naufragio, los ha hecho amar esa esencia que les arranca la vida a cada instante, y como en un espiral de reflejos desechados y a la contra de lo que los va determinando, crean esos surcos inocentemente en el sitio de su abandono, para justificar su cosmogonía agobiante, transparente, pero al final amada.
A contra luz, en lo no dual, en lo terco, lo inverosímil, lo atravesado, lo no casto, lo impredecible y en ese breve espacio que se genera entre el silencio y aquello que se dijo, asumen la soledad que chorrean por sus vértices agotados y crean un circulo temeroso que jamás llegara a cerrarse, porque si lo hiciera, sería como una puerta voraz que luego de arremeter, clausuraría esos entornos aun favorables, y aquel trémulo reflejo de ese perdón que aun expele de sus cuerpos blancos, se hará palomas atravesando sus ojos muertos al momento de recordar.
Oh, cuerpos tristes y desparramados, a orillas de este torrente de luz y en ese paisaje de espejos extraños, aferrados al silencio tiernamente, solo lloran despacio y esperan en su lecho de tristeza, a que esa luz los sumerja en otro infinito para siempre.


Vicente Arouet S.