mayo 22, 2013

Rubber.

 



Un neumático, en pleno desierto, cobra vida sin razón aparente y descubre que tiene poderes psíquicos y con ellos puede matar a todo aquel que se le atraviese por su camino en un acto de venganza. Este es el argumento que presenta Quentin Dupieux en su 1° película.
Cinta con una historia de claro corte surrealista que carece de un sentido tradicional en su relato y en donde (me da la impresión) su director se da el gusto de hacer lo que quiere en la pantalla y con ello romper los estereotipos normales establecidos en el cine. Con una introducción que te deja claro a donde estas metiendo las narices, esta cinta podría resultar un total y absoluto bodrio para aquel que no disfruta de algo freak (yo la disfruté y no soy un freak). Se mezclan aspectos de metacine, pelis road-movies, algo de gore, humor negro y un poco de efectos similares a los utilizados en tráilers de antiguas cintas, otorgándole así una estética similar a la de cintas como El Vengador Toxico o El Ataque de los Tomates Asesinos.
Además se percibe una intención en hacer de esta película una cinta de culto debido a lo extraño de su argumento (me da la impresión de que esta fue, desde un principio, la intención de Dupieux) pues a fin de cuentas lo extraño e ilógico de su realidad es el elemento que la libera de cualquier prejuicio y hace que uno se enganche con ella y la termine viendo hasta el final (mas allá de disfrutarla).
El grupo de personas que presencian desde una montaña el andar y los asesinatos de este neumático se podría presentar como una metáfora hacia el cine carente de argumentos que tan a menudo nos entrega el vicioso y prostituido mundo de Hollywood.
Buena película esta, pero solo si  se tiene la capacidad de disfrutar de algo muy diferente y sin sentido o bien, muy diferente pero con un sentido figurado al 200%.




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