julio 14, 2013

Tres poemas de León Felipe


 
 

Revolución

Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.
Y siempre habrá un sol también
—un sol verdugo y amigo—
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.



El salto.

Somos como un caballo sin memoria, 
somos como un caballo 
que no se acuerda ya 
de la última valla que ha saltado. 

Venimos corriendo y corriendo 
por una larga pista de siglos 
y de obstáculos.                   
De vez en vez, la muerte... 
¡el salto! 
Y nadie sabe cuántas 
veces hemos saltado 
para llegar aquí,      
ni cuántas saltaremos todavía 
para llegar a Dios que está 
sentado 
al final de la carrera... 
esperándonos.  

Lloramos y corremos, 
caemos y giramos, 
vamos de tumbo en tumba 
dando brincos y vueltas entre pañales y sudarios.



Como tú

Así es mi vida,
piedra,

como tú.
Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas

por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...

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