junio 08, 2013

Extracto Trópico de Cáncer / Henry Miller.

 


En todos los poemas de Matisse figura la historia de una partícula de carne humana que rechazó la consumación de la muerte. Toda la extensión de la carne, desde el cabello hasta las uñas, expresa el milagro de la respiración, como si el ojo interior, en su anhelo de una realidad más grandiosa, hubiera convertido los poros de la carne en bocas hambrientas y dotadas de vista. Sea cual fuere la visión por la que pasemos, percibimos el olor y el sonido del viaje.
Es imposible contemplar un rincón siquiera de sus sueños sin sentir el ascenso de la ola y el frescor de las salpicaduras. Va al timón mirando con sus azules ojos fijos la carpeta del tiempo. ¿En qué rincones distantes no ha puesto su larga y oblicua mirada? Desde lo alto del vasto promontorio de su nariz lo ha contemplado todo: las cordilleras que caen en el Pacífico, la historia de la Diáspora escrita en pergamino , los postigos que aflautan el susurro de la playa, el piano arqueado como una caracola, corolas que emiten diapasones de luz, camaleones que se retuercen bajo la prensa, serrallos que expiran en océanos de polvo, música que brota como fuego de la cromosfera oculta del dolor, espora y madrépora que fructifican la tierra, ombligos que vomitan sus brillantes semillas de angustia. Es un sabio brillante, un adivino andarín que, de una pincelada, elimina el terrible cadalso al que el cuerpo del hombre está encadenado por los hechos incontrovertibles de la vida. Él es, en caso de que algún hombre posea ese don, quien sabe dónde desintegrar la figura humana, quien tiene el valor de sacrificar una línea armoniosa para detectar el ritmo y el murmullo de la sangre, quien toma la luz que se ha refractado dentro de él y deja que inunde el teclado del color. Tras las minucias, el caos, la mofa de la vida, detecta la pauta invisible; anuncia sus descubrimientos en el pigmento metafísico del espacio. Ni búsqueda de fórmulas ni crucifixión de ideas, ni otra compulsión que la de crear. Incluso cuando el mundo va camino de su destrucción, hay un hombre que permanece en el centro, que queda fijo y anclado más sólidamente, más centrífugo, conforme se acelera el proceso de disolución. 
El mundo cada vez se parece más a un sueño de entomólogo. La tierra se está saliendo de su órbita, el eje se ha desplazado; la nieve desciende desde el norte enormes ráfagas de azul acerado. Se nos viene  encima una nueva era glacial, las suturas transversas se están cerrando y por toda la zona del maíz el mundo fetal se muere y se convierte en mastoides inerte. Los deltas se secan centímetro a centímetro y los lechos de los ríos están lisos como cristales. Amanece un nuevo día, un día metalúrgico, en que la tierra va a resonar con chaparrones de mineral amarillo brillante. Conforme  desciende el  termómetro, la forma del cuando se va desdibujando; todavía hay ósmosis y aquí y allá articulación, pero en la periferia las venas están todas varicosas, en la periferia las ondas de luz se arquean y el sol sangra como un recto roto.

junio 06, 2013

Zero Dark Thirty.




Zero Dark Thirty es la última cinta de la ya experimentada y premiada directora Kathryn Bigelow, quien, en la última entrega de los Oscar (2012), fue nuevamente a la pelea por el premio a la mejor película, presentando este triller que utiliza la captura de Osama Bin Laden como telón de fondo.
Se debe alabar la capacidad de Bigelow para narrar los hechos y generar un ambiente tan denso y de máxima tensión desde un principio y hasta el final de la cinta. Esto se vuelve algo que realmente impresiona en su trabajo ya que no es primera vez que lo vemos (también lo vivimos en The Hunt Locker). Para lograr este objetivo, la directora se vale de una cámara que a momentos, da la impresión de estar proyectando un documental más que una película. La gracia de Bigelow, radica en establecer un juego, que entremezcla, de forma inteligente, estas dos ideas manteniendo con ello, un equilibrio en la puesta en escena que funciona a la perfección.
La cinta inicia con una secuencia en negro que relata, grabaciones en vivo que se registraron el 11 de Septiembre y en donde se oye primero, a una mujer en uno de los vuelos que se estrellará contra las torres del World Trade Center, para luego escuchar otra voz que está dentro de una de las torres, cuando esta se está quemando. El hecho de proyectar un fondo negro y no utilizar imagen alguna de la tragedia, es algo que funciona, pues la directora entiende que no es necesario mostrar al espectador, nuevamente, algo que ya ha sido visto miles de veces. Posterior a ello, la siguiente secuencia muestra la imagen de un agente norteamericano torturando a un islamita. Este comienzo marca, claramente, el devenir de los hechos bajo una contraposición de ideas, que establecen un juego mental en el espectador. Lo que se ve no es lo que parece, pues la idea principal no es mostrar la búsqueda de justicia por lo acontecido y bajo una justificación de los hechos violentos, sino más bien, pavimentar un relato que se apegue al material que a la directora se le entrego para armar una historia (sin mancharlo emocionalmente).
Resulta evidente que las imágenes no pueden tener la real dimensión de los hechos acontecidos (llámese las torturas o interrogatorios), por lo cual, se percibe cierto grado de intencionalidad en mostrar algo “políticamente correcto” con el relato y la realidad que se conoce (esto mas allá de las polémicas que se formaron por las escenas de violencia). Esta situación en sí, no constituye un problema para la cinta y por el contrario, expía de culpas a la directora, ya que no afecta la intención principal que se quiso plasmar, más aun, si no se conoce la otra versión de quienes sufrieron los interrogatorios y torturas (hay que tomar en consideración que todo el material que dio vida a esta cinta se elaboró en base a documentos entregados por la CIA).
Otro detalle a considerar, es que esta peli, fue presentada mundialmente, como la cinta que relata los hechos que dieron lugar a la captura del terrorista más buscado en la historia: Osama Bin Laden; situación que en el fondo, no resulta del todo cierta, ya que el relato no se centra en este hecho, sino mas bien, en mostrar el largo trabajo que realizó una agente de la CIA de nombre Maya (papel que interpreta de forma notable Jessica Chastain) y como va evolucionando su personalidad, a medida que los hechos acontecen. Esta situación hace que la imagen de Osama, pase a segundo plano en la historia, quedando solo en el nombre. Todo se centra en extrapolar la realidad que vive Maya al llegar tímidamente a una base de inteligencia norteamericana en donde todo se dictamina por hombres, y como ella, al transcurrir los años, y después de vivir la pérdida de su mejor amiga, comienza a obsesionarse con encontrar y capturar al terrorista, cambiando su personalidad, y con ello su relación con todos los demás.  
La actuación de Jessica Chastain es sobresaliente. Asume toda la responsabilidad de llevar el peso de la cinta sobre sus hombros, ya que los demás personajes, son todos marcadamente secundarios. Cumple su objetivo con creces. Sabe proyectar, de manera impecable, la hermeticidad inicial, y así también, los cambios radicales de personalidad que va sufriendo su personaje a través del tiempo. Cuando el guión la exige, cumple sin problemas.
La banda sonora de la cinta, a cargo del Sr. Alexandre Desplat (The Tree of Life o las Harry Potter 1, 2 y 3 entre varias más), confabula perfectamente con el ambiente de tensión permanente que la cinta presenta, aplicando, en la secuencia final, su máxima expresión de calidad sonora.
En resumidas cuentas, Zero Dark Thirty, es una cinta fundamental que no se debe dejar pasar, ya que es uno de los pocos proyectos gringos interesantes, que han salidos de Hollywood en este último tiempo.

junio 05, 2013

Poema extraxto del Libro Poeta en Nueva York / Federico García Lorca.



Paisaje de la multitud que vomita (Anochecer en Coney Island)

La mujer gorda venía delante
arrancando las raíces y mojando el pergamino de los tambores
la mujer gorda
que vuelve del revés los pulpos agonizantes.
La mujer gorda, enemiga de la luna,
corría por las calles y los pisos deshabitados
y dejaba por los rincones pequeñas calaveras de paloma
y levantaba la furia de los banquetes de los siglos últimoy llamaba al demonio del pan por las colinas del cielo barrido
y filtraba un ansia de luz en las circulaciones subterráneas.
Son los cementerios, lo sé, son los cementerios
y el dolor de las cocinas enterradas bajo la arena,
son los muertos, los faisanes y las manzanas de otra hora
los que nos empujan en la garganta.

Llegaban los rumores de la selva del vómito
con las mujeres vacías, con niños de cera caliente,
con árboles fermentados y camareros incansables
que sirven platos de sal bajo las arpas de la saliva.
Sin remedio, hijo mío, ¡vomita! No hay remedio.
No es el vómito de los húsares sobre los pechos de la prostituta,
ni el vómito del gato que se tragó una rana por descuido.
Son los muertos que arañan con sus manos de tierra
las puertas de pedernal donde se pudren nublos y postres.

La mujer gorda venía delante
con las gentes de los barcos, de las tabernas y de los jardines.
El vómito agitaba delicadamente sus tambores
entre algunas niñas de sangre
que pedían protección a la luna.
¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Ay de mi!
Esta mirada mía fue mía, pero ya no es mía,
esta mirada que tiembla desnuda por el alcohol
y despide barcos increíbles
por las anémonas de los muelles.
Me defiendo con esta mirada
que mana de las ondas por donde el alba no se atreve,
yo, poeta sin brazos, perdido
entre la multitud que vomita,
sin caballo efusivo que corte
los espesos musgos de mis sienes.
Pero la mujer gorda seguía delante
y la gente buscaba las farmacias
donde el amargo trópico se fija.
Sólo cuando izaron la bandera y llegaron los primeros canes
la ciudad entera se agolpó en las barandillas del embarcadero.

New York, 29 de diciembre de 1929

junio 04, 2013

Es la Baba. / Oliverio Girondo





Es la baba.
Su baba.
La efervescente baba.
La baba hedionda,
cáustica;
la negra baba rancia
que babea esta especie babosa de alimañas
por sus rumiantes labios carcomidos,
por sus pupilas de ostra putrefacta,
por sus turbias vejigas empedradas de cálculos,
por sus viejos ombligos de regatón gastado,
por sus jorobas llenas de intereses compuestos,
de acciones usurarias;
la pestilente baba,
la baba doctorada,
que avergüenza la felpa de las bancas con dieta
y otras muelles poltronas no menos escupidas.
La baba tartamuda,
adhesiva,
viscosa,
que impregna las paredes tapizadas de corcho
y contempla el desastre a través del bolsillo.
La baba disolvente.
La agria baba oxidada.
La baba.
¡Sí! Es su baba...
lo que pervierte el aire,
el papel,
los metales;
lo que infecta el cansancio,
los ojos,
la inocencia,
con sus vermes de asco,
con sus virus de hastío,
de idiotez,
de ceguera,
de mezquindad,
de muerte.