agosto 19, 2013

Elegía interrumpida / Octavio Paz.

 
 
 
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen señas
y vagan de la lámpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse...
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizá morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al que se fue por unas horas
y nadie sabe en qué silencio entró.
De sobremesa, cada noche,
la pausa sin color que da al vacío
o la frase sin fin que cuelga a medias
del hilo de la araña del silencio
abren un corredor para el que vuelve:
suenan sus pasos, sube, se detiene...
Y alguien entre nosotros se levanta
y cierra bien la puerta.
Pero él, allá del otro lado, insiste.
Acecha en cada hueco, en los repliegues,
vaga entre los bostezos, las afueras.
Aunque cerremos puertas, él insiste.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Rostros perdidos en mi frente, rostros
sin ojos, ojos fijos, vaciados,
¿busco en ellos acaso mi secreto,
el dios de sangre que mi sangre mueve,
el dios de yelo, el dios que me devora?
Su silencio es espejo de mi vida,
en mi vida su muerte se prolonga:
soy el error final de sus errores.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El pensamiento disipado, el acto
disipado, los nombres esparcidos
(lagunas, zonas nulas, hoyos
que escarba terca la memoria),
la dispersión de los encuentros,
el yo, su guiño abstracto, compartido
siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
el deseo y sus máscaras, la víbora
enterrada, las lentas erosiones,
la espera, el miedo, el acto
y su reverso: en mí se obstinan,
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
beber el agua que les fue negada.
Pero no hay agua ya, todo está seco,
no sabe el pan, la fruta amarga,
amor domesticado, masticado,
en jaulas de barrotes invisibles
mono onanista y perra amaestrada,
lo que devoras te devora,
tu víctima también es tu verdugo.
Montón de días muertos, arrugados
periódicos, y noches descorchadas
y amaneceres, corbata, nudo corredizo:
"saluda al sol, araña, no seas rencorosa..."

Es un desierto circular el mundo,
el cielo está cerrado y el infierno vacío.

 

El futuro

 
 
Realizar la adaptación de una novela al cine, hacer de las palabras imágenes de luz, será siempre un trabajo no menor que conlleva bastantes riesgos a la hora de evaluar los resultados finales. Todo puede ser una incertidumbre en el ojo del director y todo se devela al momento en que la cinta concluye. La hora en que la voz adquiere un peso relevante.
Para que la adaptación logre un resultado correcto, el realizador debe encontrar un equilibro armónico entre la  transcripción del texto seleccionado y un cuidado en no alterar ni desfigurar el espíritu que encarna la historia, y como una cinta jamás podrá ser exactamente fiel a la obra literaria, se pueden permitir algunas licencias interpretativas que ayuden a sustentar el relato visual (siempre respetando los sucesos principales de la novela). La fidelidad debe ser representativa, y para esto, el cineasta se puede valer de elementos audiovisuales que le permitan mantener un acertado apego a la idea general.
El futuro, es la última cinta de la chilena Alicia Sherson, adaptación cinematográfica de un cuento de Bolaño, inserto en el libro “Una Novelita Lumpen” publicado el año 2002.
La historia relata lo ocurrido a Bianca (Manuela Martelli) y Tomas (Luigi Ciardo), dos hermanos chilenos radicados en Italia que pierden a sus padres en un accidente de tránsito y deben empezar a sobrevivir por su cuenta. Conocen a dos delincuentes que les ofrecen realizar un plan que cambiará sus vidas. Este plan consiste en introducirse en la mansión de un viejo actor ciego (Rutger Hauer) para robarle su fortuna.
Sherson realiza un trabajo aceptable para esta adaptación. No es una cinta brillante dentro del incipiente cine chileno, pero El futuro respeta de una manera acertada la estructura narrativa y el espíritu del texto en la pantalla. Aplica de forma inteligente y precisa, párrafos indicativos que son utilizados, mediante una voz en off, como conectores que refuerzan el relato visual de los acontecimientos. La directora sabe sacar partido a esto explotando al personaje de Bianca, y su difuso juego generacional en donde pasa de ser niña a ser mujer (casi madre) y luego vuelve a su condición original.
Hay una estética visual en la fotografía de la cinta que evoca recuerdos del cine italiano de los años 70. Sherson se vale para esto de una puesta en escena basada en fondos tenues y oscuros, carentes de luz y minimalistas los que generan una atmosfera decadente que envuelve y contagia a los personajes. Confabula de una forma positiva (Sherson es astuta en aplicar esta idea).
Las pausas también son un elemento que establece una diferencia y que debe ser tomado en consideración. Los silencios en que caen envueltos los personajes (como paréntesis en el relato) entregan la idea de que el universo en donde deambulan está marcado por la impavidez de la realidad que los aprisiona. Resultan un efectivo elemento significativo y relevante para entender el objetivo del trabajo que se quiere entregar.
Otro elemento que llama la atención en esta cinta es el manejo de la forma en que se establece la eroticidad de los personajes. Los desnudos y la escenas de sexo son proyectadas de tal forma que destacan artísticamente por sobre el fondo decadente que determina a los personajes. La prostitución no termina estableciéndose como tal y el amor fundamentado en la inocencia y la desesperación, es lo que prevalece como idea final. Un trato sutil dentro de un caos evidenciado. El resplandor de luz bella que emana del cuerpo desnudo de Bianca es lo que trae la esperanza a la cinta.
Para concluir puedo decir que El Futuro es un trabajo que a pesar de contener características que la pueden definir perfectamente como una cinta bastante aceptable, no podrá escapar a esa amarga realidad que viven muchas películas chilenas que terminan confinadas a las últimas estanterías de los video club por ser incomprendidas y poco valoradas.     

    

The woman


 

Lucky Mckee es un director inteligente que ha ido de menos a más. Con seis películas a su haber ha demostrado que la maduración que ha experimentado en el género del horror le ha entregado un reconocimiento notable que perfectamente le puede permitir caminar tranquilo por la calle. Y es que, si hablamos las cosas como son y somos objetivos en ello, podemos concluir que hacer cine de terror y mas encima de una forma inteligente, en estos tiempos, puede llegar a ser materia prosaica, o en su caso, un intento de suicidio si las cosas no van bien.
The Woman es el último trabajo de Mckee que fue estrenado el año 2011 y que le valió haber ganado el premio al mejor guion en el Sundance de aquel año. Esta peli se cuelga de un trabajo llamado Offpring del año 2009 (Jeff Burr) y que está inspirado en una libro del escritor Jack Ketchum, llamado Off Season. Aquella peli, trata de un grupo de caníbales que circundan por un bosque comiéndose a quien se le atraviese por su camino. De ese trabajo, The Woman se cuelga y utiliza a la última mujer sobreviviente de ese clan para relatarnos las andanzas que debe sufrir cuando es tomada prisionera por un tipo que siendo civilizado, paradójicamente, resulta ser más salvaje que ella. Este detalle es el plus que establece el elemento mas atrayente en la cinta, pues entrega una visión sobre la contradicción brutal que significa (y a su vez expía de culpas) enfrentar a quien resulta ser el personaje abominable contra aquel que no debería serlo (pero lo es). Los vicios de una sociedad que ha creado a dos seres que son productos del abandono y de las peores costumbres. Uno a uno, enfrentados en un juego brutal (pero bastante atractivo) que termina por invertir las realidades sin justificar más allá de lo debido a ninguno de los dos.
Las actuaciones son también un punto alto en esta peli. Pollyanna McIntosh (quien interpretó un papel como caníbal en Offpring) ahora se lleva todo el peso de la película representado magistralmente la interpretación de la mujer. Mención especial para los actores Sean Bridgers como un padre que oculta tras su tranquilidad el horror de quien se nos muestra como un tipo misógino, abusador y despiadado y además Angela Bettis como una madre abusada y maltratada, incapaz de escapar al infierno de vida que lleva como dueña de hogar en una familia en que nadie resulta ser normal (salvo la hija mas pequeña que no sabe lo que sucede).
Con toques de un gore-porn y con una banda sonora excelente (recomiendo Distradtec de Sean Spillane, canción que cierra la peli) The Woman es una cinta inteligente de principio a fin que claramente reivindica el género en cuestión, aunque eso si, hecha solo para personas capaces de experimentar sensaciones visualmente fuertes (me recordó mucho y no se porque, The Loves One).