mayo 29, 2014

La teoría de la soledad / Vicente Arouet S.


I

La soledad es un péndulo vertiginoso.
Una luz que esconde su claridad
Desde la antesala de un escenario en tránsito.
De vacío en vacio 
Se va atravesando el espejo
Abriendo los oídos
Para escuchar aquella voz que grita dentro de nosotros.
La soledad ahora es un pájaro furioso arremetiendo sus alas
En lo más hondo de nuestro pecho
Y somos nosotros mismos en ella
Y ella inundándonos con su silencio
En toda nuestra cosmogonía
Desde lo conocido
A lo incierto…

En la transparencia que ahora nos domina.

II

Es una voz que no emite sonido
Para resaltar aquello que siempre nos ha hablado
En un lenguaje de reflejos
Paréntesis como ojos
En un desierto que inunda el cuerpo.
Cuando la soledad extiende sus alas
El cielo trastoca sus dimensiones
Y el aire es infinitamente rojo
Rojo y negro
Negro y rojo
Rojo y rojo
Y de contornos violáceos…

Y a pesar de ello, se puede volar libremente

III

Y te preguntas porque
Se preguntan porque
Porque el vacio esconde algo
Que gravita con alevosía tras los pasos
Porque el silencio susurra azul
Por las mañanas
Si somos ahora somos un transitar de constelaciones frágiles
Humanos a pesar de lo contrario y el olvido
Nos vamos aferrando a las maquetas y al amor
Para luego descuidadamente hacerlas cadenas
Que tarde o temprano nos subyugaran el alma.


IV

Extendimos la mano para tocar su pecho
Pecho de terciopelo,
Pecho que no late ni se estremece
Sino más bien florece en el centro de nuestro pecho
Percibimos la profundidad de la ausencia
Y su vocabulario olvidado
Las cruces causando estragos
En las moléculas de un amor que ha querido ir
Más allá de la muerte
O en todo aquel que se ha hecho rincón
Y ha ido acumulando telas de araña en la frente.
Extendimos la mano como una rama que busca el cielo
Y vamos descubriendo aquello que la cuidad esconde
En su canto de motores presurosos
Y tras los neones de los letreros
Y es que en la ciudad
Los semáforos lloran por las madrugadas
Y la soledad es una brisa blanca
Estrellándose contra los cristales de los autos
Que deambulan como fantasmas metálicos
Extendimos la mano así,
Sin más ni más
Y vamos sintiendo ese rumor gutural
Cuando las masa de seres se desparraman
Por las venas de un paisaje de alquitrán y cemento
Que tiembla y devora
Y esas masas no son más que peones blancos
Jugando una partida de ajedrez contra la soledad.


V

Resuena en el hueco vacio del espacio
Va dando saltos de huella en huella
Atravesando los espacios de un sol apagado
Amenazando los escenarios de la luz serena
Manifestándose como una estampida de niebla
Que acecha los poros
Sigiloso acantilado
En donde la perspectiva adolece de paracaídas

VI
Y estando ahí
De nada servirán ya
Las llaves ni los candados


VI

Es atravesar el cristal.
Adentrarse en el espejo
Y descubrir en el reflejo
Un lugar desconocido
Que se concentra en cada nombre.
Es el reflejo en un reflejo
Después de haber caído libremente
Directo hacia uno mismo
Hacia ese jardín de luz
Sembrado en lo más profundo
De nuestra naturaleza definida
En donde habrán florecido crisantemos suaves
O simplemente una planicie de cactus violentos.
Pues el caer significa
Conocer por fin el espejo de verdad
Amar ese único reflejo dentro de nuestro reflejo
Y así fundirse en la suavidad de aquellos crisantemos
O perdonar la violencia de esos cactus penitentes.


VII

La soledad es una galería transparente
En donde todos los cuadros vividos flotan
En el centro de nuestros ojos
Y ahí va esa juventud
Atravesándola:
Desnudos
Desarmados
Desprovistos
Desesperados
Desafiantes
Descuidados


VIII

En la soledad
Dios es un ave adicta
A circundar alturas
En donde nuestra voz
Nunca llegara a sus oídos.


IX

La soledad es un péndulo.
Un péndulo de luz
En la antesala
De un vacio 
Que duerme en los espejos
De una voz
Que se proyecta como un reflejo
De un pájaro
Que en sus alas
Envuelve a una ciudad
De galerías transparentes
Que nos contiene
Nos observa
Nos espera.


X

Y a pesar de ello
Pueden volar libremente.