mayo 02, 2015

Selección de poemas de Winétt de Rokha.



-Elegía en el viento de Julio.

Cerrad las ventanas, es el viento y su cola encendida,
es el viento cóncavo del huracán repleto;
el cristal no lo contiene,
arrasa corolas, andamiajes, cielos, zapatillas de raso,
nudos secretos de inmolación rebelde,
todo rodando, envuelto, de costillas, despedazado.

Pero tu cara de ídolo en piedra permanece,
los huesos transitorios de tus manos,
tu pecho donde sólo las mariposas hacen nido,
tus ojos que al mirar no pudieron mirarme.
 
Arrodillada, imposible,
como un vaso de arroz derramado en el tiempo,
atada a un barco inmóvil
con alas invisibles de un extraño terror.

Nunca fui yo la cadena y la nube,
acaso, hubiera roto la raíz del lucero,
estallando la sombra fatal del torrente en camino.



-Rueda de fuego sin lágrimas.

Era el tiempo inmóvil de la flor del jacinto;
(cuando yo era como las manzanas).
  
Y tú viniste, como todas las cosas,
que se encienden en el universo:
las tempestades, las sombras de la vida.
  
Y sin embargo...
venía tan nueva la composición de caminos de bronce
que andabas edificando.
  
Mirándote me conocí, amándote,
oh! amándote encontré el evangelio
de mi alma, ya cansada antes de ser.
  
Y sigo inquiriendo, y sigo esperando
arrancar de tu espíritu la razón de mi angustia;
sabiendo que me has dado todo lo que trajiste de la muerte,
sabiendo que defines mis pupilas de carbón de piedra,
sabiendo "que moriré llamándote"...



-Fotografía en obscuro.

Resuena en las amapolas del cielo
mi historia de piedra dormida,
desde el suceso inmemorial de los crepúsculos.
  
Prolongo mares de árboles
besando el camino sin término.
  
Entrego a la vida mi sombra
de calle tranquila;
-balcón en la ciudad de los arabescos inusitados-.
  
Amo la línea que se escucha,
como el color inicial de la aurora, traduciéndose
en la palabra del hombre
o en la palabra roja del trueno.
  
Majadería de niño, que lanza su honda al espacio,
camina mi balbuceo discontinuo
creciendo del mar y del sol su mariposa.



-Cabeza de macho
  
La mancha trágica de tus cabellos,
encarna un mar fascinante y entenebrecido.
  
Albea tu frente magnífica, escrita de surcos,
y tus sienes como dos azucenas puras.
  
Tus cejas y tus pestañas interrogadoras
recogen la esmeralda enferma de tus ojos.
  
Se destaca en la oscuridad del fondo
tu nariz de águila meditativa.
  
Tus labios destilan dolor y pasión
y están maduros para el beso.
  
Piedra con alma, sonríe tu cara de ídolo
dormida en la canasta de rosas de mi pecho.



-El contacto dual de los aerolitos...

El contacto dual de los aerolitos prófugos, (cascadas y cantigas rosas),
utilizando va su fiebre fértil en otras latitudes de desastre y horquilla.
Cae una gota de sangre con pimienta y su germen quimérico
sobre el cadalso lívido del periódico que gesta un ratón
como si desmantelara la meseta montada, uniforme,
y sus pedazos de andrajo en surco de asnos y camellos.
Poseo piel de polvera de dama-duende con camafeo que ama en danza de cierzos
entre la elevación híbrida donde algunas hebras rayaban el alba,
separadas de la membranosa manada alegórica de hoy
sufriente entre los azulejos confundidos del antifaz, el zócalo de un madero cruzado.
Otra botella por cigüeña grita realización a ansiedad pictórica;
la acústica del gimnasio incorpora su cilindro y su betún;
en el plato de greda cosmopolita del paladar queda la nada;
Angélica Arenal compone los repollos y las lechugas de todas las huertas del mundo.



-La lira de al algún satelite desfigurado...

La lira de algún satélite desfigurado, espoleado, declamador,
rompe circunferencias que arden, rotas; techumbres dan alivio
con un cohete de ultratumba en tapias aldeanas, coloradas.
  
Con su contorno sucio, de librea, una ciudad creciente, fábricas
con amplitud de calles hermanas por argolla y futuro de llagas:
faenas, hipotenusa, basura, movimiento en combate de agonía y círculos.
  
Completa humareda sorteada, panales al descubierto, enseñoreándose serenos, dolidos,
sobre promontorios sentados, indefensos en el pórtico carcomido.
  
Cartelones-lunados. Por el Guayas, la bagatela, los peligros,
la intermitencia, los telegramas y el rubro de alcatraces malditos.
  
Algo gime cruel, agrandado, en la garganta dentada, sanguinolenta, de algunos peces cuadrados, artesanos,
en navío de signos actores la voz bordada de la criatura
fea se mata quintaesenciada, medrosa y espectacular
en su desarrollo barato y vacante.



-Acomodada a sus pruebas de aceite...

Acomodada a sus pruebas de aceite o carbón redentor,
tañía yo la yedra-antena de un incontenible ascenso cilíndrico.
Álamos-limoneros, que movían en bruto cabelleras almidonadas y corniza, organizaban en los confines potreros inundados:
era la defensa inerte contra la bruma de Abril y sus arpas navegantes.

Un plateado ladrón análogo al fango, blanco de llave, de candado como el alma del / Popol-Buh,
se apretó frente al semi sombrío de las colinas cristianas,
ya engalanadas de sermón máximo-católico perverso (carretas, clientela) y vendimias de tumulto dionysíaco y sátira.

Las enredaderas cubrían y recalcaban hongos inefables
con sombrero de copa anárquico y corbata de relieve infernal.
Un resabio pizarra, esbelto, de tono subido, confuso, árido,
saboreando mariscos y moluscos de estilo con oráculo patriotero de ajenjo entre el comercio de los fuselajes en peregrinación.



-Lo santo con núcleo imaginativo...

Lo santo con núcleo, imaginativo, "roto" laboratorio, poncho,
la alegría hermafrodita del petróleo lujurioso, harto, opaco,
y el azul-verde, ombligo protagonista de siete mares desertores.
  
¡Cuánta insistencia sumada, trascendental, documento maltratado
y alquimia acariciante posee mi afán de idolatría locuaz!
  
Terreno tétrico, esmirriado, seco, turbador, chacras,
canteras hirvientes, embalsamadas en abandono, nobles,
adoban un premio de siglos -mortaja de faraón- salitre, guano,
cuando la misma cauda entorpecedora, alerta, tubo-rancio,
pigmeo, exacto, todo lo iguala en caminata de ovejas.
  
El astro central arpegea en el piano marfileño, inquieto,
de la camanchaca incesante, palurdo ejemplo, rienda de atado
de un molino gigantesco girando su caballería del diablo
entre perlas profanas de academia.
  
Precipicio impulsivo, súplica para una muerte de epopeya y patíbulo espantoso.



-Las aldeas interrumpen su insomnio...

Las aldeas interrumpen su insomnio y su energía
al tranco del anfibio armado que proyecta geometría
entre colmenas, vacadas, volúmenes y pámpanos gentiles.
Por las comarcas ululantes sus anillos se retratan movidos
y una congoja impresionante de vid que se desangra
lo sigue como lengua de perro cansado entre malezas.
Las encinas inclinan el anca desolada de otros días
cuando la espada de Núñez de Balboa unió dos inmensidades.
Entre cintas de jade surgen fuertes matojos de tezontle riental,
collares-circundantes de bondad, para mis hombros cenicientos.
Remeros intoxicados con sueño letárgico, extático, chalupas de chanza,
flota nazarena pululan entre obeliscos y surtidores efervescentes, susurrantes.
Un temporal de cables, botes, olas, gaviotas, fragatas, bagaje,
promueve el espasmo sobrenatural que conduce los bueyes al mercado.

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