septiembre 20, 2015

Tres poemas de José Manuel Gaete / Del libro Testamento Existencial del Lobo Atropellado.




I.- Danza plástica de los neumáticos en un sábado absoluto de la historia humana.

Aseguro que la piedra nos espera
en la esquina recta del hartazgo
cuando se desata,
el vendaval de monedas dejando este epitafio:
fuimos locura de la nada,
que en vida dudo con hambre
y sirvió deseos
en su noche eterna.
voy a invitar ahora
a la alameda
donde florecieron los gorriones,
que adivinando,
los trenes venideros
se hundieron el hilo torvo
de este siglo:
hijo natural de águilas astrales,
oveja negra en la estirpe del tiempo,
enfermo de blu-jeans, mocasines
y cebollas.
Los invito ahora,
que mi cuerpo envejece
en una sartén de minutos,
ahora que ciego me asomo
a las ventanas genéticas
a observar hormigas ribonucleicas,
que en alfabeto plástico
me determinaron hombre,
ahora, que duermen las alondras patriarcales
en la biografía muda de los perros muertos,
ahora que suben las razas desde los zapatos
a curar los parpados quemados
por el vomito de Dios.
Y a la hora de al agudización de los oídos
siento, sientan caer la gota del abismo,
en medio voy,
con un temblor de monedas
en la frente del bolsillo hondo
cuando vuelan aves de los sueños,
ruedo pensado en la multiplicación del pan,
cinco por dos
catorce panaderías divinas,
perro mío, que estas en el cielo
escuchado sea tu ladrido
y que tus colmillos derramen harina
en las tripas de tus crías.
Tengo fe en el huevo universal
que bajara de las estrellas
hasta la piel de los hombres
y reclamo a ellas
desde los socavones negros
de la conciencia
el grano sublime
que regué con sudor
en los terrones negros de la dignidad
inhumana.
Me permito corregir a Huidobro
cuando escribía:
"Estrellas yo ´puse en marcha a los hombres",
que el pan es mas eterno que la estrella
en el cuelo del hambre.
Y alto de esta mesa
con mis calcetines rotos
al nocturno de esencias que dice textualmente:
he de consultarte mariposa
por las alas que ayer te elevaron,
por los ojos que dieron en plenitud
de las formas,
por los pies delicados que
inscribieron
el aire nocturno de tus siglos
sin nombre,
por la primera corola que estableció
tu existencia,
por el ultimo suspiro bajo las estrellas,
por tu siembra en el pantano de las cosas
donde palpita ciega la condición de los hombres.
Contesta mariposa o cántame
la historia que no encuentro en la carne.
Pero después de amor
partido por el infinito
palpita la piedra y me explica que
no habrá tambores esta primavera
para que dancen las cosas
hemos escogido los senderos vacíos
y vamos por los anchos edificios de la neurona
masticando moscas con el alma,
mientras nos esperan son ventanas
en la esquina más negra de universo.
Te perdono, Cristo, por los plumajes
Que preguntan
¿Acaso la abeja tiene
una aurora que persista
bajo el tropel de noches anchas,
que entran con sus muslos desnudos
a esta oficina larga?
Es que tiene los senos colgando
de las orejas
y a veces cae a la primavera
con los ojos arrastrados por las piedras.
Si, abeja
yo encontré tu boca en la basura
y me asustó la belleza de tus dientes,
Entonces me tragué una pestaña
para morir por ti,
vuela compañera,
con las piernas abiertas
que entraran los sapos a sembrarte
me perdono contigo difunta,
me perdono contigo cuando asumo
la infinita melancolía de las moscas
cuando maldigo
la transición larga de las estrellas,
cuando me desencadeno
en la mejilla precoz de la azucena
y decido clavar estos versos
en los senos universales, para inundar
la Tierra de leche
cuando se han muerto
los pájaros,
cuando se han roto
los huevos
cuando se han secado
los arboles.
¡Muerdan chicle con botas cardinales
y recen el último padre nuestro.

Epilogo.

Ahora,
nada barca vacía
por el mar oscuro del universo
tienes algo azul que no comprendo,
como latido largo,
como barro
o lágrima
escondida en los otoños,
tu sueño largo tiene forma de auroras
que pajo puentes lavando piedras,
nada barca tienes,
sino Tierra abierta
y preñada de astros,
nada barca conmigo que sangro
la pasión eterna de nadar SIN MANOS.

Me voy ahora cundo el viento desaloja
de vuestras cabelleras
las golondrinas
que mis manos inscribieron en su pelo
y les anuncio víctimas una niebla
que viene a desgranarse
es la vida,
LA VIDA
que triunfa sobre la muerte.


II.- Luciérnaga intermitente del misterio central del hombre.

Hace tantos vientos y decretos
que amaso la harina de esta carta,
para tus ojos de rio insatisfecho,
ahora rompo el paraguas del silencio
y me lluevo cóndor
sobre el herido potrero
de tus hijos orinados.
Confieso que guardé
tus raíces eucarísticas
en la seda antropológica
donde crece la alfalfa brumosa
del recuerdo,
allí brotaron tus manzanas voladoras
bajo la niebla metropolitana del mundo
y emergiste a horcajadas
sobre el bus doble piso de la vida,
pero, montaste una vez antes del postre,
alimentando tus caballos desbocados
en la hierba del olvido.
¡Oh! Sonata herida
en los escombros del hastío,
olvidaste que el amor es algo más
que una vuelta al mundo
en ochenta besos.
Curandera de almas
en la peste -macondiana-
de la patria,
ahora que el tiempo quema la hojarasca de tu pelo
y gime la araña universal pariendo la alborada
¡ahora!
dame la ciruela cremosa de tus labios
y el damasco antropomorfo
de tus mejillas oceánicas
¡Ahora...dame el delineador epistémico
de tus parpados felinos
y el discurso persuasivo de tu rímel,
golondrina política del encanto!
¡Dame tu mano de pentagrama,
maestra fecunda de la fruta humana...
y la guerra voluptuosa
de tu cuello tropical y marino!
¡Dame la lluvia salvaje
de tus apriscos nevados!
Hazlo antes que arda en el ocaso
como un bosque perdido en la bruma del tiempo.
Contéstame con fuego ensangrentado,
Luciérnaga intermitente
del misterio central del hombre.


III.- Post mortem.

Discurso del guerrero ante la derrota de la amada frente al mundo
que la obligó a vivir en función de las cosas materiales.

No fueron tus manos
los dedos de la luna
escribiendo en las esquelas nocturnas
las golondrinas iniciales de la rosa,
ni pudo ser tu pelo
la cabellera de las montañas,
coronando las alboradas geológicas.
Solo fuiste camuflaje
que la muerte adopta
en la guerra de la muerte,
herida la nada abre
en las cejas del alma.
Cruzaste por la vida
maquillada de inviernos,
buscando solo en la acción reproductiva
las señales de enigma,
así olvidaste que solo los regresos
depositan las claves exteriores
en los íntimos graneros de la especie.
Son ellos los que hacen al hombre-mundo
y al mundo-hombre
estructurando
las eternas unidades del misterio.

1 comentario:

  1. grande Jose Manuel...las mesas de un bar desaparecido lo recuerdan aun mas iluminado por la medianoche

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