abril 14, 2017

Selección de poemas de Francisco Ide Wolleter /del libro Yakuza.





Inmigrante.

Abandoné la familia
por un ciber con tragamonedas
y sushi en el infierno

como un oso panda hipnotizado
en la ingesta interminable del bambú
mis dedos mutilados se consuelan
con mails que tecleo
y no te envío
y no te llegan.


 

La Venus de Velázquez.

I.

Me miras por el espejo retrovisor.
el sol del crepúsculo se ahoga en el alquitrán de tus gafas oscuras.
Llevas el rostro bronceado por pensamientos ágiles y venenosos
como dragones de komodo.

en la fuga el cerebro opera bajo en efecto de una droga.
El vehículo gira sobre su eje como el percutor de un revolver
en sesión de ruleta rusa y espiritismo.
Trozos de vidrio orbitan satélites /
dardos de hierro que la piel imanta.

La cabeza incrustada al parabrisas
siete hachazos de metralla / lluvia de corales sobre el cuerpo.
 

II.
Desfiguraron las flores del jardín
las macetas, el estanque de agua clara.
asesinaron a mi mejor amigo a mi madre
a mi padre a mi abuelo a mi perro ante mis ojos

yo de pie protegido tras el mundo de la balacera
sin lágrimas bajo el diluvio de ceniza
con apenas un tatuaje al centro de la espada
primera pieza de una máquina
en guerra con el mundo:
"bienvenido a tu familia verdadera.


 


Bonzo

"Es sábado y nada arde en mi templo de la muerte"
El incinerador de cadáveres (Juraj Herz).

Sobre mis hombros
pesan inmóviles
dos koi negros.

Mi cuerpo es un acuario hirviendo
en una habitación incendiada.

Las llamadas, querida mía
no arderán diminutas
en tus ojos
porque estás lejos.

Un gesto inútil, dirán
pero me ofrezco de todas formas
en caso de que un día te aproximes
hambrienta: podrás
comer sobre mis hombros
beber la tinta
de mis tatuajes derretidos.


Oro Negro.

Nuestros ojos conectados por un rio de petróleo en lugar
de las dunas agonizantes claveteadas con arpones

crece maleza sobre las caletas de la pensión
el sol vuelve amarillos tus ojos negros en la hierba

quisiera frotar mis pupilas en las tuyas
vela que enciende otra vela / pequeña chispa
alarde de rojo sobre el pasto seco.



Yasunara Satori

Junto a ella era un sanguinario
y no temía a la muerte

en el espejo viven
bestias aterradoras

acechan escondidas en el
zoológico abandonado de mi piel

esperan el momento adecuado
para quebrar la tersura reflectante

raptar y torturar
la forma en que me miró.




Tercera Carta.

He incorporado el lenguaje
como una especie de castigo.

Si allá el lenguaje es virus
acá es cuarentena, toque de queda.
Te explico: estás lejos.

Le prometí a un luchador de sumo
un tatuaje de cuerpo entero

de mirar no más me canso
y colonizar cualquier huevada me parece despreciable.

No te alcanzo, no te alcanzo
y todos los barcos en que navego se hunden
y los pasajes de avión
son tan caros.

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