enero 01, 2017

Tres poemas de Víctor Arenas /Del libro La Creciente Soledad de los Árboles.




I. Del mar la mariposa, que se muere.

Vuela submarinamente y se detiene,
las olas cubren el techo oceánico,
su crepitar resuena en la arena
la rueda sobrenatural del universo.

Todo revienta y resopla delirante
sus vestidos y sus alas se disuelven
como el vapor de un ángel retirado,
se aparea a sí misma y deslenguada
celeste su mujeridad marina,
proterva desentraña sus entrañas
en el placer profundo y profano

esparce la semilla y su nido,
en rémoras salinas 
su existencia.


II. La creciente soledad de los abetos.

Ya no hay tristezas 
en esta habitación.
una mujer aérea 
en su cisura
amanece.

La luna de su corazón
no admite
los renunciamientos,
todo el amor implica 
su existencia.


III.  La soledad creciente de los álamos.

Soy lo que queda de mi vida en el desierto,
la farsa de cumplir con lo que me depara.

Al filo la navaja envejecida,
la mirada extraviada en la ventana
de mi hijo dibujando su silencio,
los árboles inertes de mi ausencia
la copa y el vino en su sonido.

le digo que ya es tarde,
pero insiste 
en contemplar lo que sucede en el vacio.

Dejo inconcluso el escrito que me ocupa,
lo mismo que mi hijo cuando calla,
su respiración humedecida por la lluvia.

Entonces siento miedo por su vida,
el fin del mundo, el noticiario, las revistas.
El humo del café que se enfría,
los árboles que mueren de tristeza
la soledad creciente de sus vidas.